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lunes, 6 de abril de 2015

EL LLAMADO


Hace tanto que mi corazón y mi piel lo llaman al unísono, lo llaman a grito. Algún día escuchará, algún día vendrá…

Era perfecto, mágico, y no sé por qué nos separamos.
Y ahora sólo espero.
Pero… ¿Por qué esperar? ¿Por qué tiene que ser él el que haga algo?
Debo arriesgarme, si así separados todo ya está perdido...
Llamo y atiende. Me quedo sin palabras, un nudo atenaza mi garganta y corto, no pude hablar.
No fue por orgullo. Fue por amor contenido, por escuchar su voz amada.

Espero, me recompongo y vuelvo a llamar.
 -Soy yo, le digo.
-Lo sabía, mi amor, vi tu número y solo esperaba estar mejor para llamarte.
-¿Mejor? ¿Estás enfermo?
-No amor, la sorpresa y la alegría me dejó sin voz. Quiero verte, necesito verte.

Ya no importa, no voy  a cometer las mismas faltas, no voy  a hacer reproches, no voy  a decir:
-¿Por qué no me llamaste?  Nada, no dije nada, solo me escuché decir:
-Yo también.
Y hoy nos veremos.
Salgo a tu encuentro, camino despacio, como para despedir a esta soledad que se instaló en mi alma desde que te fuiste.
Ahí estás, mi corazón late cada vez más fuerte y siento de nuevo las maripositas en mi estómago.
Me abrazas, me besas y te siento, solo te siento...


martes, 19 de julio de 2011

DESENCUENTRO



Recuerdo tus besos
Recuerdo tus caricias.
Mi piel y mis sentidos
te buscan, te llaman.
Duele el pensar
Duele la ausencia.
El encuentro frustrado
de dos apasionados...


Derechos Reservados


domingo, 9 de enero de 2011

MISTERIO






Un día preparé algo de ropa y me fui a Retiro, tomé un micro que me llevaría hasta allí. Iba escuchando música e imaginando su rostro. Lo imaginaba, lo borraba y lo imaginaba de nuevo. Nunca lo vi. Nunca sabré como es.
Al llegar busqué una habitación y luego de ducharme y ponerme ropa cómoda, bajé y pregunté por algunos sitios puntuales y emprendí el camino.
Llegué al parque Quiroz, bajé por las escaleras sinuosas, me detuve en la fuente con la hermosa Venus central. Y lo busqué, busqué su rostro desconocido en cada hombre, vi sin ver el hermoso paisaje, por que sabía que si no lo encontraba, nada podría disfrutar, de nada había servido el viaje, me senté y me resigné.
Jamás lo encontraría, alguien más sin rostro, solo palabras…que llegaron no se por que causa a mi corazón. Solo eso, palabras.
Cuando dejé de lado mis pensamientos, vi ese hermoso atardecer, el cielo rojo, y los pájaros volando a lo lejos.
Me incorporé, estaba cansada, no sentía deseos de comer, me dirigí al hotel y me acosté y lo soñé. Era vívido mi sueño, vívido e imposible, pero bello.
Desperté temprano, desayuné y salí a recorrer de nuevo los lugares nombrados por él. Llegue al Molino Forclaz, me detuve sintiendo su presencia en el lugar, caminé rodeándolo, miré cada uno de sus ladrillos, sus aspas y seguí mi infructuoso viaje.
Fui a Liebig, caminé sus calles. Pisé sus pisadas, sabía que por allí estaban sus pasos, sus pasos que luego lo llevarían a otros sitios más lejanos, sitio que tampoco sé adonde queda.

Solo el misterio lo rodea, tal vez por eso se hizo más atractivo, tal vez porque llegó en un momento especial para mí, no lo sé. Ansío saber como es, como son sus ojos y mirarme en ellos. Ver sus tristezas y sus alegrías, en fin saber que existe, que no es un fantasma más en mi vida. Vuelvo al hotel me recuesto y me quedo dormida, sueño otra vez lo mismo.
Bajo a comer algo y luego camino hasta el río, me siento en su orilla, saco papel y lápices de mi bolsa y comienzo a dibujar, los trazos son rápidos, una mano invisible toma la mía y me ayuda en los detalles, lo siento, está acá sentado a mi lado. Su respiración en mi nuca, me vuelvo, la soledad me acompaña, tras unos minutos el trabajo está listo. Es el parador que vi en el parque Quirós.
Guardo todo y hago el último viaje tras sus pasos.
Algo misterioso me guía, yo no conozco pero sé el camino, la tarde está muriendo, las sombras dan un raro matiz a las cosas y a la casa.
Temo acercarme, la veo de lejos, ahí está, tengo que entrar. Llego hasta ella, me detengo frente a la derruida puerta, la empujo, un chirrido ensordecedor me sobresalta y entro, todo esta oscuro, saco el celular y con lo poco que alumbra miro. Aún está amueblada, un viejo y gran cuadro adorna una de sus paredes, son perros de caza corriendo tras una pequeña y asustada liebre.
Me acerco temblorosa pues noto su presencia, su perfume, que sin saberlo, sé que es suyo. Me acerco y lo veo.
Y sé que lo amo…lo amo!
Es como tantas veces lo imaginé y con una gran goma lo borré de mi mente. Es él.
Me acerco temblorosa, no, no es miedo, es ternura contenida, es amor. Y estiro la mano, despacio, no quiero asustarlo, no quiero que se marche, no quiero perderlo.
No se mueve, solo me mira, sus ojos son como los soñé, limpios, nobles, me hundo en ellos, su mirada me domina, me empequeñece y al mismo tiempo me ennoblece, me acerco. Estiro mi mano, lo acaricio, no se va, se queda… Entonces sigo, más segura, feliz de saber que está aquí, ahora, conmigo. Estira su mano, apaga mi celular. Solo hay negrura, me abraza, lo siento, me estremezco, me besa, lo beso, no quiero pensar nada.
¿Estoy loca? Un fantasma ¿Abraza? ¿Besa? ¿Estoy viva?
¿O solo somos dos fantasmas pasando por la vida?
Me sentí tan feliz en tus brazos que nunca sabré si la noche existió, si en realidad eras un fantasma, o si en ese momento lo éramos los dos.
Después, cuando desperté -no sé en qué momento me dormí- me encontré sola, pero sentía en la vieja casa tu perfume, y en mi piel perduraban tus caricias. Me levanté del sillón y caminé por la habitación. La recorrí con miedo, no quería encontrar nada que la recuerde a ella. Porqué sé que ella existió y se que existe en tu corazón. No sé su nombre, nada se de ella, sólo que era tu amor y se marchó. Se marchó un día lejano, doloroso para vos y para ella. No quería dejarte, pero la muerte te la arrancó. Por eso sos un fantasma, por eso quiero serlo también.
Salgo, nada quedaba de ella en la casa, lo borraste todo. Vos tampoco querías encontrar nada que te la recordara.
Me acerqué al aljibe, allí estaba, dejé caer una piedra dentro de él. Tardó en caer, supe que era profundo. Pensé en un momento si sería doloroso….
¿Qué es menos doloroso? ¿Saber que nunca podré ocupar su lugar? O… ¿lanzarme por el pozo oscuro, hondo? Me di cuenta en ese momento porqué la casa me atraía tanto, yo sé que acá ronda el fantasma de ella…y que tu presencia no se despega de su fantasma.
Y yo acá, solo espero tomar la determinación correcta. ¿Habrá lugar para otro fantasma?
¿O sólo seré la espectadora muda de su amor? Me acerco más y miro… Pero no, no vale la pena.
Nunca ni viva ni muerta podré ser lo que ella fue. Y tendré que seguir, seguir hasta que encuentre el lugar perfecto para terminar con todo, pero no aquí, no aquí…
Salgo, me pesan los pies, me pesa la vida…
Camino despacio y miro la casa, que sigue allí imperturbable, pese al paso del tiempo, del abandono.
Me marcho. Dejo para siempre este lugar que no es el mío.
Dejo acá mis sueños, mis fantasías, los fantasmas…me alejo.
Cada vez más lenta, pero más segura de hacer lo correcto.
Fue mi única noche de amor, viviré del recuerdo de ese sueño.
De tu recuerdo, del recuerdo de tus caricias, de tus besos, de tus palabras y de tu perfume…

domingo, 11 de octubre de 2009

EL ENCUENTRO


Me fui del locutorio aturdida. Este último e-mail de Ricardo me dejó así. Hace casi un año que nos escribimos. Un día abrí mi dirección y encontré el mail. No sabía quién era, pero le contesté y empezamos a escribirnos. Mi primer mensaje fue con desconfianza, luego lo notaba tan “especial”, no me tuteaba, no se propasaba y así me atreví a seguir. Nos hicimos amigos, tan amigos que cosas que no le decía a mi marido, se las contaba a él.
Me escapaba, decía en casa que iba a hacer comparas, pero iba al ciber y ahí le escribía; a veces estaba conectado y chateábamos.
No sé por qué jamás se lo conté a Marta. Ella es mi única amiga.
Recuerdo que cuando llegamos al edificio, hace ya tres años, ella fue la única que se acercó a la semana, con un budín de bienvenida, la invité a pasar y a tomar un té. Y nos hicimos inseparables. Jorge, mi esposo, también congenió rápido con ella. Marta es única, pero su marido es insufrible. Néstor es inaguantable, siempre con los versículos de la Biblia, siempre viendo el pecado en todo. Yo lo soporto por Marta.
Y me dio un poco de vergüenza contarle lo que me está pasando.
Ricardo hace tiempo no es el mismo. Sus mensajes me hacen sentir mujer, sus palabras me llenan de calor. Hace tiempo que no siento esa sensación con Jorge. Por eso no sé que hacer. Mi vida con Jorge es monótona, no es malo, pero no encuentro en nada coincidencias con él. Antes hablábamos, ahora cada vez dialogamos menos, y Ricardo es mi refugio.
No lo vi nunca, él tampoco a mí. Me lo imagino alto, delgado con barba muy cuidada, cortita, de ojos celestes o azules. Él me dijo que lo describiera y me dijo: -Ni que me estuviera viendo.
Yo le hice una breve descripción de mi persona. No le dije todo, no iba a decir, que estoy un poco gordita, que mis ojos que fueron grandes y negros, ahora ya no lo son tanto.
Me dijo su edad y es casi como yo, por eso hablamos de nuestra juventud: leímos los mismos libros, escuchamos los mismos programas de radio. Nos acordamos de los viejos comerciales, de cuando apareció la primera transmisión de televisión. De los nombres de las películas, de las canciones.
Con Jorge, no puedo hablar de nada; mis hijos, ya grandes, tienen su vida.
Ricardo está siempre ahí. Y cada vez más cálido. A veces me avergüenzo de mis sentimientos. Ya sueño con Ricardo, y mis sueños son cada vez más ardientes. En ellos me besa, me abraza, me desnuda suavemente y me ama, y me ama....
Pienso en ir a contarle a Marta lo que me está pasando. Sé que si voy ahora a verla, Néstor no habrá llegado, siempre llega bastante después que yo regreso del ciber. Yo muchas veces iba decidida a contarle a Marta lo que estaba viviendo, pero hablábamos de cualquier cosa, y yo estaba siempre al borde de la confesión, pero callaba. Y después llegaba él, y yo me quedaba un ratito más y me iba. Si me apuro, seguro que ella estará sola.
Pero ¿y si se enoja conmigo? ¿Si piensa que estoy traicionando a Jorge? Es que lo estoy traicionando, aunque sea con mis pensamientos, con mis sentimientos.
Recuerdo esa noche en que nos quedamos a cenar en casa de Marta, y salió el tema de la vecina que tenía amigos, compañeros de trabajo con los que a veces se quedaba a tomar un café. Y Néstor con su fea voz, dijo: -No es yerba buena, la que hace eso traiciona a su marido. Marta no dijo nada, y yo no pude contenerme y le contesté.
-¿Qué tiene de malo tener amigos?
-Solo te diré, Ana, “si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados” Santiago 4, 19.
Lo miré y le dije: -¿Crees que me meteré en su vida y le diré que no tiene que salir con sus amigos?
Yo no soy muy adicta a la Biblia pero le dije: “un amigo fiel es un refugio seguro, el que lo encuentre ha encontrado un tesoro” y no recuerdo si es de Esclesiático 6, pero, nada dice que la mujer tiene que tener amigas y no puede tener amigos.
Me miró muy enojado. Marta, agachaba la cabeza sin decir palabra.
Ya en casa, Jorge se rió y me dijo:
-¿Así que lees la Biblia?
-Hay muchas cosas que leo y hago Jorge, sos el único que nunca lo sabe.
Esa noche me fui a dormir con rabia hacia Jorge y hacia Néstor.
Marta por unos días no me llamó, pienso que Néstor le habrá dicho que no era buena mi amistad. Pero luego llamó como si nada.
Nunca hubiera entablado esa amistad con Ricardo, si Jorge fuera mi contención. Pero si le cuento un problema del trabajo me dice:
-Los problemas del trabajo son del trabajo, aquí no los toques.
-Jorge, los problemas que tengo en el trabajo, son problemas que tengo yo, sea en el trabajo o en la casa, o en la calle, son mis problemas.
-Bueno, yo no te cuento mis problemas.
-No, porque yo no quiera escuchar, sino porque no querés contarlos.
Si hablamos de enfermedades me dice:
-No quiero escuchar.
-¿Pensás que si no hablás no pasa? ¿No sabés que hay gente que se muere de cáncer, o de un ataque cardíaco? No le tengas miedo a las palabras, tenle miedo a los silencios.
Y me cansé. Por eso me hice amiga de Ricardo.
Y hoy me dijo que me quiere, que está casado, pero me quiere a mí.
Y yo le dije que estoy casada pero lo quiero a él. Me enamoré sin conocerlo. ¡Es increíble, pero es así!
No fui a la casa de Marta, no puedo contarle nada.
Hoy lo veré, me citó en la confitería Plaza del Carmen. Estoy tan nerviosa, sólo tomaremos un cafecito, pero me pone terriblemente nerviosa ver a otro hombre.
Entré a la confitería, por las dudas no fui con la ropa que le dije que iría, y él ahora me doy cuenta, no me dijo cómo vendría vestido. Como quedó en ubicarme él, no pregunté nada. Cometí una torpeza ¿cómo nos encontraremos? ¿Y si me mintió en su descripción? No nos encontraremos.
Me senté en el fondo. No dejo de mirar la puerta. ¡No!, esto no puede estar sucediendo. Néstor acaba de pasar por la puerta de entrada. Y mira para todos lados y se sienta ahí, cerca de la puerta. No es justo que aparezca él.
Me ve y me saluda, se acerca, le digo:
-¡Hola Néstor! Estoy esperando a la esposa de Marcos, las chicas jóvenes son tan impuntuales.
-¡Qué raro que estés por aquí!
-Es cierto, pero ya te dije, espero a la esposa de mi hijo.
Pienso que este pesado no se irá y yo no podré acercarme a Ricardo. Pero me saluda y vuelve a su mesa.
No pasó mucho tiempo y Néstor vuelve a mirar a su alrededor.
Yo sigo inmutable, tomo mi café que ya me sabe a hiel.
Pasó cerca de una hora, y cada tanto, Néstor me mira y mueve la cabeza, como diciendo:
-Te dejaron pagando.
-¿Qué estará pasando por su morbosa cabeza?
Veo que Néstor después de mirar hacia todos lados, como si buscara a alguien que no llegó, llama al mozo y está pagando su cuenta. Me saluda con un gesto, le respondo. Se marcha.
Ahora más tranquila observo a cada hombre, a cada rostro, muchos están acompañados.
Veo a uno que está solo, es joven, pero entró decidido y se sentó. No miró hacia ningún sitio, se nota que no espera a nadie.
Ya pasó mucho más de una hora. Triste, desilusionada, llamo al mozo, pago y me voy.
No iré más al ciber. No, no iré más.
Me acerco a la puerta del ciber. Luego de una lucha conmigo misma, me dispongo a entrar y ahí frente a una computadora lo veo a Néstor.
Entro. Me acerco. Lo saludo y veo que tiene en la pantalla de su Messenger el mismo paisaje que abre Ricardo cuando chatea conmigo.
Me vuelve a mirar y me dice:
-¡Qué casualidad!
Veo que sus ojos son azules, nunca antes lo había notado.
Lo saludo y me voy en busca de mi computadora, la abro y comienzo a chatear con “Ricardo”.
Los dos escribimos al mismo tiempo: “¡Te extrañé! ¿Por qué no fuiste? Y los dos respondimos: ¡Yo fui! Miro hacia adónde está Néstor y él, me está mirando, en su rostro hay confusión, y luego veo una dulce mirada de amor.

martes, 6 de octubre de 2009

SUEÑOS Y REALIDADES


Un día sin pensarlo, sin buscarlo conocí a Fernando.
Nos hicimos amigos, los dos necesitábamos ser felices, y comprendimos que el estar juntos nos hacía mucho bien.
Desde entonces cada día nos reunimos, estuviéramos donde estuviéramos y comenzamos a viajar.
Hoy salgo apurada de casa, voy a su encuentro. No sé como llegar, pero voy hacia la hermosa cabaña construida sobre dos cerros. Esa que él me señaló y a mi me encantó.
Compro algunas cosas que creo necesarias y en un abrir y cerrar de ojos, sin darme cuenta como, llego al pie del cerro.
Dejo en el piso todo lo que llevo en mis brazos y los abro. Abro mis ojos, mis sentidos para poder ver este bello paisaje. Mis pulmones se llenan de aire puro, mis sienes laten alocadas. Esta sensación hermosa que embarga mi alma, barre todo lo malo de mi espíritu. Abro mis brazos como para poder tomar el espacio libremente y giro y giro, parezco un derviche*, soy pura energía, conexión directa y total con el universo. Luego dejo de girar y bajo a la tierra.
Veo detrás de los cerros, disimulado, un elevador pequeño, y suspiro con alivio, voy llevando las cosas hacia él. Está fresco, así que decido juntar leña, y subo. No sé en qué estado voy a encontrar la cabaña, en realidad no es nuestra, solo la vimos y la elegimos, sabíamos que estaba desocupada.
Abro puertas y ventanas y comienzo a limpiar, por suerte traje todo lo necesario para hacerlo.
Quiero que cuando Fer llegue la encuentre hermosa. Limpio cada cosa con esmero, vidrios, cortinas y saco las telarañas. Ya estoy por terminar, pongo la leña en el hogar y enciendo el fuego.
Me voy a duchar, el agua caliente saca el frío que siento. La tarde se puso muy fría, salgo de la bañera, me seco y me visto. Ahora a la cocina.
Deseo escuchar Mara por Serrat, no la recuerdo, busco entre mis CD, la encuentro. La letra es bella, y canto mientras saco las manzanas olorosas y lustrosa, la canela, el azúcar, los huevos y la harina, voy a preparar tarta de manzanas con canela, no tuve tiempo de preguntar a Fer si le gusta, espero que sí. También preparo un rico chocolate caliente.
Miro la hora, Fer no llega, termino de preparar la tarta, tomo los almohadones y los dispongo cerca del hogar, con un libro en mis manos, me pongo a leer.
El crepitar de los leños me arranca de mi lectura, cierro el libro y observo el baile sensual y ardiente de las llamas azules, naranjas, rosas, verdes.
Cuando despierto, estoy sola, él no llegó, está oscureciendo, me levanto, caliento y sirvo el chocolate, su olor me trae gratos recuerdos de mi infancia. Corto un trozo de tarta, la como con ganas, está rica, muy rica, se deshace en mi boca. La manzana jugosa y la canela le dan ese toque de exquisitez única.
Fer ya no llegará y esto hace difícil que llegue ya por unos días, es hoy, o sino será luego de unos días. Fin de semana largo. También es tarde para regresar, busco algo lindo para escuchar y preparo la cama, dormiré acá, donde las estrellas están más cerca y el cielo es más azul…
Me doy cuenta que Fer me enseñó a estar con él aunque me encuentre sola.
Por primera vez estoy contenta de la decisión que tomé. Esperarte desde el viernes en la cabaña, trajo su recompensa.
Hoy amaneció hermoso, el sol le otorga bellos destellos a la nieve. Y ahí en el camino te veo.
A pesar del frío, a pesar de la nieve, te veo llegar presuroso, con tu saco de gamuza, tu bufanda y tus guantes. Apuras el paso para llegar a nuestra cabaña.
Corro a recibirte. Te sorprendes un poco, pensaste que no estaría esperándote. Tu alma sí, sabía que yo estaría acá.
Entramos a la cabaña, yo colgada de tu brazo. Tienes unas chispitas pícaras en los ojos y haciéndote el misterioso sacas un paquete. Traes una pata de cordero para hacer a la parrilla. Me río, hace mucho frío para estar afuera, en la parrilla, pero dices que quieres hacerlo. Te ofrezco vino caliente con miel y canela.
Luego salimos un rato a caminar, vamos hacia el lago helado. Las ardillas traviesas nos miran pasar.
Al regresar, la mesa preparada con amor, como cada cosa que nos brindamos, nos espera y la comida se hace placentera, la charla interrumpida, solo cuando nuestros labios se besan.
Sé que el celular es un mal necesario. Pero hoy lo odié. Recibiste ese llamado urgente y tuviste que dejarme. Por suerte llegamos a comer el postre y a tomar el café.
Yo preferí quedarme, no podía ir contigo y no quería volver a mi casa.
Te acercaste, me abrazaste, me diste un beso. Al llegar a la puerta te diste cuenta que mis ojos se llenaban de lágrimas y te acercaste, me apoyé en tu hombro, no es la primera vez que lloro contigo, pero mis lágrimas ahora son diferentes. Me las secaste. Me besaste y te acompañé un trecho por el camino que guarda nuestros pasos. Nos abrazamos nuevamente y te marchaste. Varias veces me saludaste con la mano y con alegría moví mi mano para saludarte, con alegría, si, pues sabía que pronto volverías a mi.
Me quedé parada mirando hasta que sólo fuiste un punto en la distancia.
Regresé a la cabaña, tomé tu taza y suavemente apoyé mis labios donde tú los habías apoyado y fue como besarte nuevamente.
Luego puse nuestra música, todas y cada una de las que llevamos escuchadas juntos.
Reviví cada momento, el ruido del mar en Grecia, el suave movimiento del yate. El olor de la comida que me preparaste, y luego cuando en forma intempestiva el oleaje cambió y nuestro yate se movía bruscamente, me tomaste fuerte para que no cayera.
Mas tarde, cuando el sol ya habría bronceado nuestras pieles y nos sumergimos en las aguas para refrescarnos, me tenías fuerte de los brazos, luego me tomaste por los hombros, me río, al recordarlo ¡No sé nadar!
Y por la noche, nuestros cuerpos juntos, nuestros corazones latiendo al unísono, acompasados, siguiendo el ritmo de nuestra sangre.
Recuerdo el cielo tan azul, cada una de las estrellas y sus nombres. Despacio, quedamente fuiste deslizando en mis oídos el nombre de ellas.
Mi cabello volaba por el viento y acariciaba suavemente tu rostro, mi cabello prolongación de mi cuerpo, me ayudaba a acariciarte.
Así estuvimos uno en brazo del otro, sin decir nada, muchas horas. Solo escuchando el sonido del mar y viendo titilar las estrellas. Solo interrumpí el silencio para mostrarte esa bella estrella fugaz que atravesó el cielo y sé que los dos pedimos lo mismo.
¡Qué bellos momentos! ¡Qué hermosos recuerdos!
Recordé cada minuto que vivimos hoy acá, en ésta, nuestra cabaña. Cada instante, cada detalle, cada aroma, cada caricia. Cada crepitar de los leños y tú a mi lado.
El increíble paseo por el lago helado, las ardillas que nos miraban y corrían y los colores bellísimos que nos rodeaban. Recordé como me tomaste de la mano para que no resbalase en la nieve. Mis pasos y tus pasos por la nieve y aunque pase mucho tiempo nadie caminará por donde caminamos pues todos los caminos transitados son tuyos y míos solamente.
Por eso mis lágrimas son distintas, porque mis manos no están vacías, sostienen las tuyas, porque mi corazón no late solo, late con el tuyo, porque sé que tu alma me abrazará cuando alguna sombra sin pedir permiso se instale en mi alma, porque tu alma conoce a la mía.
Por eso mis lágrimas ya nunca serán de tristeza, estés donde estés, estarás conmigo. Y yo esté donde esté, estaré contigo. Me diste alas y juntos volaremos.
Después de acomodar todo, sabiendo que no regresarías, decidí cerrar la cabaña y regresar a mi casa.
Al llegar, solo quise dormir, para que mis sueños sean contigo.
Me acosté y sé que sin estarlo tu estás a mi lado, siento tu respiración pausada, veo tu pecho subir y bajar acompasado y es irresistible el deseo de acariciarte, lo hago suave, suavemente, no quiero despertarte y luego abrazados los dos, me dormí.
Es temprano, no quiero moverme, quiero seguir así, miro la hora, son las dos, tengo que dormir, dormir…
Cierro los ojos y empiezo a volar, a viajar con las alas que me regalaste. Y así me quedo dormida.
Algo me sobresaltó, algún ruido. Me desperté, son las cuatro, ya no puedo dormir más.
La cercanía de tu cuerpo me hace sentir cosas que hace mucho no siento, pero sé que es un sueño, algo hermoso que nos reúne en otra dimensión, en un espacio que no es el real.
Y los ojos se humedecen, pero pienso, si esto termina, no tengo nada, por eso tengo que seguir adelante con el juego, con el sueño, con el amor irreal de los cuerpos pero el amor real de las almas.
Me encontraré contigo más tarde, pero igual ahora me siento en tus brazos. Ahora me quedo en la cama, calentita y sé que tú me brindas este, tu calor.
Son las siete, complicada mañana, pero igual nos veremos, nos encontraremos en la esquina de las Ansias y los Sueños.
Ya estás aquí, y decidimos viajar a algún lugar cálido.
Llegamos a una isla luego de un accidentado viaje de avión. Es todo tan bello, los peces de colores pueden verse a través del agua cristalina, verde, hermosa.
Estamos en la habitación y el piso es sorprendentemente…transparente, y desde aquí abrazados, vemos por debajo de nuestros pies a los peces, que nos miran celosos de nuestros besos, de nuestros abrazos.
Almorzamos, y vamos a la playa y ahí, uno en brazos del otro hablamos de muchas cosas, siempre hay algo más para conocerse, para que nuestras almas se comprendan y se amen más, mientras nuestros cuerpos, solo se abrazan y se besan. Tus labios húmedos, cálidos, recorren mi rostro, mi cuello y vuelven a mis labios.
Y yo beso tus labios, mis manos puestas en tu cuello, acariciándote el cabello, beso con suavidad, y con deseos de morder suave a estos labios que enloquecen a mi alma.
Y luego en la noche, caminamos por la orilla del mar, tomados de la mano, en silencio, nosotros nos entendemos hasta en silencio, las estrellas parecen luciérnagas alumbrándolo todo y esa luna sobre el mar, enloquece los sentidos y avivan las emociones.
Luego regresamos, hace un poco de frío, poco. Decidimos cenar en la habitación, escuchar nuestra música y dormirnos abrazados.
Estamos de nuevo acá, el viaje terminó, pero los cortos momentos bien vividos son mejor que una vida sin vivirla.
Hoy voy a encontrarme con Fer en la esquina de la Esperanza y el Amor, nos gustó más que la del otro día y creo que en esta nos encontraremos siempre.
Él está radiante, me acerco trémula, me dejo abrazar por Fer y este beso tan ansiado, tan esperado, nos une por un largo rato. Labios húmedos, cálidos, hambrientos de besos, se unen, se aprietan, se separan, se vuelven a reunir, es como si nuestras bocas tuvieran imán. Y nuestros pies se alzan del suelo y volamos, en la vereda, pero arriba, bien alto. No existe nada, sólo nosotros y los pájaros que soñamos y las flores que fuimos capaces de dibujar y los mil colores que nuestro amor inventó. Y se mezclan la nieve de la cabaña y el mar y el cielo de Grecia, el mar transparente y los peces de colores de la isla. Y nos envuelven y giran con nosotros y giramos y nos besamos y nos volvemos a besar y nos abrazamos y Fer vuelve una y otra vez a buscar mis labios, mis ojos, mi cuello descubierto y mi sangre hierve a borbotones que erizan mi piel. Y yo dulce, suavemente despacio, sin prisa, muerdo los labios afiebrados de Fer.
Armando y Mara, ella siempre usó su nombre, decidieron dejar de jugar en la computadora, decidieron ser ellos, dejar al Fer imaginario y a la Mara imaginaria, y hoy van a conocerse.
Estoy sentada esperando a Ar, siempre será Ar, así diminuto, así cortito, como un día lo llamé.
A pesar de todo lo vivido me siento nueva, virgen en tantos sentimientos que al pensar en él, se despiertan.
No nos vimos nunca, sólo lo vi en foto. Pero conozco su alma, él es el ser adorable que mueve los hilos de Fer. Del Fer que vuela o volaba con Mara hacia los más bellos lugares, el que hacía soñar a Fer las cosas más sublimes y dulces con Mara.
Y mi cuerpo tiembla, quiero serenarme pero no lo consigo. Saco una lapicera y un papel en blanco, escribo, siempre hago lo mismo cuando las cosas me superan.
Tengo miedo de ver la desilusión en los ojos de Ar.
Por un instante soy cobarde y quiero marcharme, pero estoy clavada en la silla. Miro hacia la puerta y lo veo. Ahí, alto, delgado, tal cual estaba en su foto.
Al verlo sentí la necesidad de correr a su encuentro y luego recordé que yo no soy la Mara del sueño y que él no es Fer.
Somos nosotros, Ar y Mara, reales.
Nos saludamos y hablamos. Mis nervios y mi temblor dan paso a una nueva sensación. Y comprendo, que él es Fer y yo Mara o yo Mara y él Ar.
Somos nosotros, siempre fuimos nosotros, y mis ojos lo besan, besan sus ojos, sus labios, siento frío y pongo mis manos en las de él. Y hablamos y hablamos, el tiempo vuela, nosotros no lo notamos.
Tenemos que separarnos. Le temo a este momento. Nos miramos largamente y sabemos que nos volveremos a ver, nos dimos cuenta que nosotros fuimos los hilos que movimos a los intérpretes de la obra y la historia que escribimos era la historia que soñamos, era la historia que nos faltó vivir, y no queremos perderla
Ellos Mara y Fer, estarán ahí, harán siempre los que nuestros sueños le permitan hacer. Y nosotros podemos repetir cada una de las cosas que soñamos para ellos, cuando nosotros los creamos, cuando nosotros jugando los ideamos, eran nuestras almas, nuestros sueños, eran lo que nosotros sentimos, conectados a Internet. Nosotros somos ellos, ellos son nosotros. Salgamos a la vida, sintamos, vivamos. Ellos estarán juntos siempre, en cada sueño, en cada recuerdo anidarán en nuestros corazones y en nuestra mente, y serán eternamente imborrables. Ellos eran y son nuestras almas, que se entendieron antes que nuestros cuerpos. Arriba el alma de Mara y Fer siguen girando entre peces de colores, con su música, sus playas, su nieve, sus mares, sus flores, con sus mil colores, en fin con lo que Ar y yo soñamos. Y nosotros intentaremos ser tan felices como lo fuimos en nuestros sueños

viernes, 28 de noviembre de 2008

PARA TI


Me ataré las manos con hilos de dolor,
Eso haré para no escribirte.
Pero como haré para no pensarte,
Para no extrañarte.
Que candado misterioso y salvador
Podré poner en mi mente
Y en mi corazón
¿Cómo olvidarte?
Hombre sin nombre,
Hombre sin rostro.
Hombre…
¿Eres real o solo una fantasía?
Un bluff que apareces y desapareces
Un parpadeo que el destino me brindó
¿Porqué a mí?
¿Y porqué no a mi?
Estoy aquí sola, pensando en ti
Hombre misterioso,
Hombre impredecible,
Hombre indescifrable
Hombre al fin…